El Glamour no es Compatible con la Incontinencia Verbal y no Verbal.

Aquella noche de verano, hace ya 10 años, yo estaba resplandeciente. ¿Sabes esos pantalones blancos que fomentaban reflejos felino para evitar la manchas? pues eran los más ajustados que había encontrado, combinados con la camiseta que más escote tenía y el maquillaje digno de una faraona. Hace diez años.
A los 20 minutos de estar en la fiesta yo ya me había pillado un buen rebote con el gilipollas de mi exnovio. Me convertí en una diosa latina furiosa y me puse a beber como si me estuviera preparando las pruebas de tiro libre en balconing.
Cuando ya iba a reventar de tanto beber decido ir a un descampado que había al lado de la fiesta para expulsar aquel par de litros de cubata que me había bebido ya. Mi ex, bastante hábil, decide acompañarme.
Íbamos caminando por aquel parque mientras discutíamos. Él me decía que tenía que atender a sus amigos de nosedónde, unos pijos del opus que se sentían moralmente superiores a todos los que estábamos allí. Yo le decía que esa gente me aburría y que se fuera con ellos que yo estaba muy bien con la gente que me iba encontrando. Y que no me enfadaba con él, pero que me jodía, que es lo mismo que decir que estás en el puto fango del odio y rencor, pero negándolo. Él me decía que perfecto, pero que tuviera cuidado con la verborrea, que se me estaba notando ya el efecto de la botella que me había bebido al estilo pavo. Yo que si se avergonzaba de mí y por eso no me había introducido entre su grupo de amigos rancios. Él que no, que llevaba mucho tiempo sin verlos y que sólo quería hablar con ellos de tiempos pasados, y que yo estaba con mis amigos. Yo que vamos allí que se está más oscuro y así no me ve nadie mear. Él que vale, pero que no me enfade por una tontería así.
Entonces, haciéndome la digna, le digo que no necesito estar con él esa noche para pasármelo bien, que con el guapo subido esa noche era mi puta noche y había salido a triunfar, con él o con quien fuera. Y empezamos de nuevo con la batallita. Él que se calla con su cara pasivo agresiva y me mira sin decir nada. Yo que si que no va a decir nada, que siempre estaba igual. Él que qué quiero que diga, que pasa de seguir discutiendo. Yo que piso algo blando entre tanto barro y se me tuerce el pie, me toco la suela del pie con un dedo, me pongo recta, empiezo a andar como una diva mientras elevo el dedo hasta mi nariz, me mancho la nariz con aquello y al inspirar me doy cuenta de que tenia el dedo lleno de mierda.
Rebobino y remarco esos dos segundo de movimiento: piso blando, flexiono rodilla, toco la hez con el dedo, me dispongo a andar haciéndome la digna, subo el dedo hacia la nariz, me mancho la nariz, inspiro, y me convierto en la niña del exorcista vomitando. Vomito durante 15 minutos. Estaba tan enfadada con él que le dije: y ahora nos vamos, que mi amiga me está sujetando el cubata. El enfado se nos fue rápido. A los dos minutos, cuando pude explicarle la razón por la que vomitaba, ya casi nos caíamos al suelo de la risa. Y fui todo el camino vomitando, partiéndonos de risa, y intentando no pensar en aquello que había pasado para finalizar las arcadas. Al llegar a la fiesta aun daba arcadas, pero ya cada más tiempo, y no podía parar de reírme por lo ridículo que había sido todo. Se lo conté en secreto a mis mejores amigos.
En secreto, a mis amigos.
El problema es que supongo que esa noche vi caras amigas en cada una de las personas que me cruzaba en aquella fiesta. Aunque no les conociera. Y claro, se lo fui contando a todo el mundo.
A todos.
Tres horas después mi ex me observó a lo lejos enganchada al cuello de la novia de su amigo contable del Opus mientras le enseñaba el dedo y le tocaba la nariz.
Ella. Glamour.

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